jueves, 26 de agosto de 2010

Laimagenlapalabra

A principios de mayo, en un rincón precioso de este mundo, llamado Forès, conocí a este magnífico poeta llamado Miguel Agudo. Autor polifacético, metido de lleno en otros lenguajes, como el de la poesía visual, es también un notable poeta discursivo. Dejo aquí uno de sus poemas (ya he enlazado también su web) el que abre su libro "CUANDO HERODES LA TIERRA", para quien lo quiera.



...DE UNIVERSO



Al principio
-eran las cuatro y cuarto de la tarde-,
se levantó Dios de la mesa
y creó un café solo.
Y pensó que sabría demasiado fuerte
y creó Dios un terrón de azúcar.
Y, parafraseando a Arquímedes, se dijo:
"dadme una cucharilla y..."
y removió el terrón
-sin sudor de su frente
ni usar azada alguna-,
y quiso sorber
y sin querer besó
esta negrura...






viernes, 25 de junio de 2010

Destruir, destruir

Intentando poner orden entre el maremagnum de papeles, revistas, libros y otros objetos y artefactos inútiles, he dado con dos viejos folios en los que se conservan, intactos, los versos de sendos poetas, Ledo Ivo y Eliseo Diego. Aparentemente, nada tienen que ver uno con otro. Después de una primera lectura, algo similar empieza a aflorar desde sus palabras. A la segunda, las voces empiezan a armonizarse, como si alguna magia oscura las fuese superponiendo. A la tercera, ya casi son la misma voz, reproduciendo graves y medios para crear un maridaje excepcional, acompasado, oculto y a la vez evidente. Se hacen presentes entre la nube espesa del tiempo y susurran un canto en el que las notas parecen querer retener el transcurso de las horas, los días y los años. Aquí los dejo, para quien los quiera.


LOS MURCIÉLAGOS


Los murciélagos se esconden tras las cornisas
del almacén ¿Pero dónde se esconden los hombres,
que vuelan la vida entera en la oscuridad,
chocando contra las paredes blancas del amor?

La casa de nuestros padres estaba llena de murciélagos colgados,
como luminarias, de las viejas vigas
que apuntalaban el tejado amenazado por las lluvias.

"Estos hijos nos chupan la sangre", suspiraba
mi padre.

¿Qué hombre tirará la primera piedra a ese mamífero
que, como él, se nutre de la sangre de los otros animales
(¡hermano mío! ¡hermano mío!) y, comunitario, exige
el sudor de su semejante aún en la oscuridad?

En el halo de un seno joven como la noche
se esconde el hombre; en el algodón de su
almohada, en la luz del farol
el hombre guarda las doradas monedas de su amor.

Pero el murciélago, durmiendo como un péndulo, sólo guarda el
día ofendido.
Al morir, nuestro padre nos dejó (a mis ocho hermanos y a mí)
su casa donde de noche llovía por las tejas rotas.
Pagamos la hipoteca y conservamos los murciélagos.
Y entre nuestras paredes se debaten: ciegos como nosotros.


Ledo Ivo (Brasil, 1924)
"La moneda perdida"




TIEMPO DE LA FOTOGRAFÍA



Ávida vuela la palanca
y entra veloz la luz, el tiempo
preciso y justo de la arena
precipitándose a la trampa. Todo
queda ya igual
-ya para siempre.

Los niños y el resol, la viva espuma,
las nubes en sus coros displicentes,
la dicha inmensa del verano
y el simple estar allí
-tal como era
en aquella otra luz
-en aquel tiempo.



Eliseo Diego
"Los días de tu vida"

domingo, 4 de abril de 2010

MENOSLUZ

MENOSLUZYMÁSTIEMPO
ADORÁNDOTESIENDOACADAHORA
COMOUNVIEJOSATÉLITE
DELQUENOPUEDESNUNCA
DESPRENDERTE

DESCANSOENTUSOFÁ
DUERMOENTUCAMA
ATERRIZOENELSUELO
DETUSINDECISIONES
INVADOTUCOCINA

NUNCAANTES
TENDÍTUROPA
CONESTAALEGRÍADEVERANO

NUNCAANTES
REGUÉTUSPENSAMIENTOS
CONESTATRANSPARENCIA

NUNCALAPALIDEZFUECLARIDAD
ANTESDEESTEREENCUENTRO

AHORATODO
ESNUESTRO
YESNOSOTROS

AHORANADA
PUEDEDETENERNOS

martes, 27 de octubre de 2009

LA VERDAD DEL FRÍO

Hay momentos en los que uno se siente afortunado, en que sus expectativas se han visto colmadas, en que los deseos se cumplen, sin más. Para un poeta, como para cualquier creador, el momento de ver impreso uno de sus libros, fruto de años de búsqueda, de escritura, de correcciones, de dudas, es la culminación de todo el trabajo que se puso en marcha mucho tiempo atrás, asediado por las incógnitas, por la incertidumbre acerca de la forma que tomarán los versos y la dirección en que le llevarán. Es, sin duda, la hora de la verdad, la hora en que el poeta deberá enfrentarse a sí mismo y decidir si ha valido la pena, y en la que el juicio de los otros vendrá a refrendar o a contradecir la idea que él tenía acerca de sus versos. En poesía, generalmente, y con muy escasas excepciones, nada tiene demasiado eco, nada va mucho más allá de los círculos más próximos, familia, amigos, compañeros de oficio, con suerte un grupo reducido de críticos más o menos profesionalizados y con más suerte un puñado de lectores no vinculados a las circunstancias biográficas del poeta. A pesar de todo, no deja de existir en él una cierta inquietud sobre el recibimiento que va a tener su obra. Así me siento yo ahora, inmerso en esa mezcla de alegría e inquietud, esperando que el libro empiece a distribuirse, soñando con que llegue a las manos adecuadas, aquellas que lo sepan apreciar en lo que es, a saber, un intento más de dar razón de algunos aspectos de la realidad que, ni se explican por sí mismos ni pueden -creo- ser apuntados o sugeridos desde otros lenguajes que no sean el de la poesía, el lenguaje aparentemente más innecesario, el que para algunos menos conexión mantiene con la realidad de la vida diaria, pero que para otros es absolutamente imprescindible, precisamente por no hacer referencia a esas cuestiones más pragmáticas de la existencia y pretender explorar otros planos de lo individual y de lo colectivo. Así me siento ahora, a la espera de ver que La verdad del frío busca su lugar en el mundo y las manos que lo sostendrán bajo una mirada atenta, una mirada que alcance a descubrir alguna pequeña verdad ocasional que le ayude a hacer más llevadera la pesada carga de los días. Me siento, también, afortunado, porque el libro se hizo acreedor al IV Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere 2008, lo cual ha permitido que sea publicado por una excelente editorial, La Garúa, con un prólogo breve pero lleno de cariño de la mano de un poeta muy querido y admirado, Jordi Virallonga. No se puede pedir más, y no pido más. Sólo quiero compartir mi alegría con los pocos que os acerquéis hasta este cuaderno semiabandonado. Gracias a todos los que han hecho posible la edición de este libro, al jurado que lo valoró como merecedor del galardón, al editor que lo ha convertido en un bello objeto de lectura, a Jordi Virallonga por sus generosas palabras y a todos los que me han apoyado y me apoyan en esta tarea casi clandestina de escribir versos. Transcribo algunos poemas del libro y me hago eco de la presentación que tendrá lugar el próximo 5 de noviembre en Santa Coloma de Gramenet, en la Biblioteca de Can Sisteré, a las 20.00 horas.






EL ANIMAL DEPUESTO

Coronado de luces engañosas,

anclado en su espejismo,

dormita su ebriedad el universo.

Ya levantó su manto el dios inconocido,

ya el ángel de lo oscuro ha deslizado

su aroma de tiniebla entre las cosas.

Arcángeles, demonios, héroes y villanos,

sobrados y excedentes

del cálculo satírico del tiempo,

mecen sus armas a la luz del aire,

mas, ninguno recuerda los motivos.

No sabe nadie. Todos desconocen

la precaria certeza del principio,

y sesgan la corteza de la tierra

por una posesión inaprehensible.

¿Quién es dueño del Hombre?

¿De quién debiera el Hombre liberarse?





ARS ADIVINATORIA

Saber que hay un abismo

lamiéndote las plantas de los pies,

que vives de prestado, en un impás de aire,

calmándote la sed con unas aguas

que no te pertenecen,

surgido de la estela de unos nombres

que un día u otro van a ser silencio

y te van a dejar abandonado,

a merced de otros tiempos, de otras voces

al fin desconocidas.

Saber que en el final hay un principio

y que el mundo trasciende tu mirada

no produce inquietud, ni desvarío,

tan solo la nostalgia anticipada

de lo que no será, de este momento

al que nunca podrás encadenarte.


TENTATIVA


Cuando alumbras

la saliva limítrofe de un nombre

igual que un universo en construcción,

amenazado siempre de hecatombe,

de muerte, de fracaso;

cuando ensayas el himno del perdón,

el viento aúlla entre las gárgolas

consolidando la verdad del frío.


EL DESCONSTRUCTOR


He cumplido siglos de espuma

seguido de hombres y ratas

y otras criaturas prisioneras.

Apenas nada

ha sobrevivido a mi tacto

y a mi mirada.

He crecido en mi propia desunión,

en la escisión constante con el tiempo,

he sido tantas ansias de no-ser,

he sido oscuridad, temor de luz,

bajo la incandescencia de estos ojos cansados

y enrojecidos por el peso de un milenio.

Soy demasiado viejo y es demasiado tarde

para querer morir en el intento.

Primero debo acabar el trabajo:

destruir todo rastro de mí mismo.





LAMENTO DE NO-MUERTO

Yo supe que tú eras la mujer de mi vida

al verte soportar en aquel beso

mi aliento de no-muerto mezclado con four roses

mientras otro no-muerto llamado Kurt Cobain

maldecía la noche aullando al infinito.


Yo supe que eras tú

y aposté tanta sangre de no-muerto

como había en mis venas a lo nuestro.


Yo supe que tú eras la mujer de mi vida,

lo que no sabré nunca

es por qué no supiste que yo era

el hombre de tu vida.


jueves, 17 de septiembre de 2009

UTOPÍA (III y IV)



NO



No vamos a entregar nuestra alegría.

Seguiremos riendo los chistes sin sustancia

y las bromas neuróticas

de un judío canijo

que ha reducido el mundo a su Manhattan

hedonista y burgués,

con ese pesimismo contenido,

abandono ilustrado, decadencia

de los bien educados en colegios

de élite, banderas

de una inteligencia programada

para subirse al carro,

para tomar las riendas,

para sacarle el jugo

a este mundo sin dioses.

No vamos a entregar nuestra alegría,

ni a luchar contra nadie

para imponer ideas o costumbres.

Haremos nuestra apuesta más sincera

desde cualquier invierno,

desde la periferia,

desde algún descampado del Bronx o de La Mina,

a ritmo de hip-hop,

o mejor aún, por bulerías.

Por más que insistan, no,

no vamos a entregar nuestra alegría,

no vamos a entregar nuestra alegría,

no vamos a entregar nuestra alegría.

En Park Avenue no se comen callos!












[Jesús G. Aguagria.
Proyecto vital en la desembocadura del río Besós. 2008.
Acrílico sobre tela. 162 x 130 cm.]






ESPACIO







Todo podría empezar

en una calle de Cavalo Morto

y acabar cuando tenga que acabar

en un rincón cualquiera,

fantasmal, de la vieja Comala.

Lêdo Ivo sería

una suerte de demiurgo amable,

como un procreador supremo y apacible.

Rulfo, un demonio travieso

dibujando presencias, acordonando

al último de nosotros

entre fiebres y nieblas.

Entre Cavalo Morto,

donde las muchachas aman a los soldados,

y Comala, la brumosa,

donde las sombras fagocitan

la memoria del último hombre,

hay una realidad por escribir,

un jardín que pintar sobre las aguas,

un Himno a la Alegría por cantar,

un árbol exultante de manzanas

que brillan bajo el sol, como si fueran

las monedas perdidas, las palabras

en el sueño del viejo Lêdo Ivo.


























[Jesús G. Aguagria.
Lago en el sueño de Polífilo de F. Colonna. 2009.
Acrílico sobre tela. 60 x 60 cm.]

miércoles, 16 de septiembre de 2009

OTRO APUNTE PARA UTOPÍA



A CARA DESCUBIERTA





Sobre cada silencio

un nombre.


Sobre cada desnudo

un abrazo.


Sobre cada fracaso

volver a levantarse

desafiante.


Sobre cada herida

bálsamo de hombre libre.


Sobre cada pared en blanco,

sobre cada muro consternado,

sobre cada ciudad maltrecha,

sobre cada continente hundido,

sobre cada mundo en llamas,


sobre la sed,

el hambre,

la mentira,


la suciedad,

el caos,

la vergüenza,


el regreso al principio,

a la eterna mirada virginal

de los que no aceptaron

espejos, baratijas ni quincalla

a cambio de su oro,

de sus danzas al sol,

de sus aullidos

de coyote en lo alto de la noche,

mirando de frente a la luna,

a cara descubierta,

mientras fuman -bien cargada-

su maltrecha pipa de la paz.
















[Jesús G. Aguagria. Novena de Beethoven. 2008.
Acrílico sobre tela. 150 x 150 cm.]

...Y LA CARAVANA SIGUE SU CAMINO


La caravana sigue su camino. La poesía no sabe de fronteras, de idiomas ni otros límites. Es, a veces, ingrata, se confunde con las multitudes, se esconde entre las piedras del desierto, aúlla entre los vientos o se vuelve volátil y se mezcla con la arena insidiosa del siroco. Pero vuelve una y otra vez sobre sí misma, sobre sus ecos, sobre su lucidez y su locura. Vuelve y acecha con imágenes inverosímiles a las mentes de aquellos sedientos que, tras la jornada, necesitan un caravansari en el que reposar, en el que compartir las vivencias del viaje, los avatares de la ruta, las inclemencias de una travesía inacabable y los descubrimientos de un camino del que, afortunadamente, todos desconocen el destino. Para los que no se dejan reducir, para los que no se resignan a un mero papel de gregarios, para los que esperan individualizarse y hacerse auténticos a través de la palabra, aquí está este número tres de Caravansari, revista de poesía en lenguas peninsulares, repleto de versos y reflexiones acerca de los versos, de imágenes labradas con mano de orfebre sobre la forma dúctil de la palabra, de viajes a destinos personales que son comunicados y conocidos para goce de todos los que se asomen a sus páginas. Conforman este número tres una entrevista a Enrique Badosa, un dossier de poesía venezolana, otro de poesía andaluza, poemas de Rosa Lentini, Carlos Ernesto García, Andrés González castro, Joan Kunz, Eduardo Moga, Amaia Iturbide, Hedoi Etxarte, Chus Pato, Daniel Salgado, Jordi Valls, Ítmar Conesa, Angela Melim, Jorge Gomes Miranda y Ernesto Sampaio. Se incluyen las secciones habituales con reseñas, artículos y otros contenidos interesantes para los amantes de la buena poesía. En breve podréis consultar el sumario en www.caravansari.com y podréis acceder a todos los contenidos del nº dos, que ya están colgados íntegramente en la web. En breve, también, la revista estará a la venta en las librerías, y estamos intentando establecer un sistema de venta on-line. 118 páginas de encuentro con una idea abierta, crítica y libre de la poesía.


Un par de poemas publicados en Caravansari 3


LOS BARCOS


Arrecia la tormenta.

Los barcos chocan entre sí y se hunden.



Ya no tengo más hojas en el cuaderno.

Retiro los pies de la cuneta.

Me levanto empapado por el agua.



Se acabó la guerra.


[Carlos Ernesto García.
Santa Tecla, El Salvador, 1960].



COMO SI

Como si nada se desmoronase,

celebrando que todo dura

aún

mientras se extingue.



Como si ruina todo,

escombro, sombra y tú

llamándole al destrozo jaramago,

amarillo jaramago.



Arde Troya, arde Roma, Alejandría

arde también, y tú

como si hubiera de durar

aún

este instante fugaz

que es ese ahora,

perdido río abajo.


[Andrés González Castro,
Hospitalet de Llobregat (Barcelona), 1974]