miércoles, 1 de junio de 2011

Si yo fuera Deckard

Si yo fuera Deckard buscaría una salida,
una puerta crucial desde la noche
a algún lugar con sol,
algún lugar con vida, más allá de lo oscuro.
Si yo fuera Deckard
no iría por ahí persiguiendo replicantes,
les dejaría vivir en las afueras,
en algún suburbio de la ciudad quemada,
en algún rincón sin porvenir,
para que pudieran amarse fugazmente,
llorar como los niños, redimirse
y desaparecer bajo la lluvia
caminando despacio, muy despacio,
rumbo a ninguna parte.


La espera [microrrelato]

Hace días que espero ante el teléfono, midiendo sus formas, escrutando un posible movimiento, la vibración que alerta de la llamada entrante, la esperada. Es negro, brillante, minimalista, ligero, y te pone en contacto con el mundo, con voces lejanas que te traen noticias que a veces hasta son buenas. Pero no sucede, no se mueve ni un milímetro, no produce vibración alguna. Sigue ahí, sobre la mesa, inexpresivo, mudo, solemne, guardando celosamente las palabras esperadas. Cuando llega la noche y es hora de dormir, reposa bajo mi almohada, y sólo emite sonido con los primeros rayos de la mañana, para advertirme que debo regresar. Y regreso, con él, a la espera. Me aguarda en la repisa del lavabo, desayuna conmigo, viaja en mi bolsillo, regresa conmigo a casa y repite la misma posición, tumbado boca arriba, sin decir nada, nada más que su nombre estúpido y extraño, en letras blancas, que estropean su austera elegancia, su negro inmaculado. Sólo me dice Nokia, y yo... sigo esperando.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

HACE BUENO...

Hace bueno cuando un querido amigo y compañero nos trae un buen puñado de versos, de esos que te dan un buen bofetón, que te despiertan momentáneamente de la brutal anestesia de los días, que se te colocan en los ojos como unas descomunales gafas de aumento, mejor, como unos prismáticos, para ayudarte a ver la cruda realidad a través de la mirada lúcida y airada del poeta. Lo de ir de vuelta sólo está al alcance de aquellos que han ido, y Jordi Virallonga es de los que han ido y han vuelto varias veces antes de que los demás nos enteremos de cómo se coloca el mapa para poder emprender viaje. Más duro, más curtido que nunca, más mordaz y más tierno, más social, más humano, más poeta (y ya es difícil). Jordi es uno de esos poetas que no solamente escriben (que ya es mucho). Es un agitador, un activista, un lector empedernido, un traductor de primera división, un hombre entregado a la poesía y a los poetas. Su libro, "Hace triste", la punta del iceberg de una obra sólida y contundente, elaborada siempre sobre los cimientos de una realidad próxima y compleja, la del ser humano en su máxima expresión, la del hombre contemporáneo, el que sufre, el que maldice, el que se rebela, el que intenta conocerse y conocer al otro. Como un poeta de la magnitud de Virallonga y un libro de la calidad de "Hace triste" no necesitan prólogo alguno, el gran Antonio Gamoneda escribió para éllos un "Frontispicio" que es la envidia de todos los que nos hemos asomado a las páginas del libro. Después de la excelsa pieza de Gamoneda, cuarenta y siete poemas de la mejor poesía, áspera, punzante a veces, descreída y beligerante, que reconcilia al hombre con el hombre y delata unas cuantas jugadas fulleras del mundo que hemos construído con la participación de todos. Dejo aquí el mencionado Frontispicio y un par de muestras de lo que es el libro, para quien los quiera.



FRONTISPICIO PARA HACE TRISTE
DE JORDI VIRALLONGA

Como tú, en el espesor de los veranos, yo intento que la nieve vuelva al río
en el que nunca estuvo. Como tú, como nosotros,
que hemos huído para no volver
a nuestro pensamiento, a nuestro cuerpo
en los que quizá nunca estuvimos.

Hemos visitado, sí, lo reconozco,
ciertos lugares donde el tiempo es ausencia,
lugares sin lugar, como los de la serpiente
que no sabe volver y se demora
en su cansancio, y apenas es serpiente
que, por hacer algo, guarda celosa las maderas podridas.

Es verdad, no podemos decir que mañana haya mañana,
ni es posible saber
si estamos vivos y nos abrazamos.
No es posible saber; únicamente, hace triste.
En rigor, sólo estamos seguros de verdades inútiles;
a ti te ocurre como a mí:
solamente te fías de artefactos invisibles.

¡Qué le vamos a hacer! Estoy pensando
que lo mejor, quizá, es no hacer nada,
salvo cantar de vez en cuando y,
en todo caso, permanecer
borracho(s) como el sátrapa de Persia.

Hace sol y hace hastío, tú lo has dicho.
Pero no es sólo eso; lo peor
es que nadie se fija ya en el temblor de la cuchara,
nadie acerca su corazón a la cuchara y a su temblor;
nadie quiere saber que en la cuchara,
están las cifras y las profecías
relativas al rumbo de los justos y de los ministros imbéciles. 

Es igual. Vamos a descansar. Ven. Acostémonos,
si hace falta, en la cama del más triste.
Vendrá la muerte y no tendrá tus ojos
ni los míos. Da igual:
Venimos de unos labios que no existen,
no conocemos nuestro lugar porque no es
un lugar;  se trata sólo de una puta mierda.

Un día acabaremos. No quedará recuerdo
de nada, de nada ni de nada. Como ves, la jodimos,
o, dicho más suavemente, la cagamos.
Para siempre.



Nota exclusivamente preparada para doctorandos y hagiógrafos.
Antonio Gamoneda escribió este frontispicio en el tren Alvia León-Madrid
Chamartín de las 12.47 hs., Clase preferente, Plaza 05A, del día 16 de marzo
del año 2010, en razón y causa del libro Hace triste, de Jordi Virallonga.
Las palabras y frases que aparecen en cursiva pertenecen a la op. cit. et
auctoritas idem.




LA TIERRA PROMETIDA



Fui a ti como a salvar la piel
de un pirata cuando cuelga,
pero tú sigues la ley, que es la justicia,
y me denuncias porque pagas tus impuestos.

El amor sacerdotal de los libres te requiere
en la celebración del amor débil.
Yo te hablo de pasión, tú de respeto, 
del derecho que la ley te otorga.

Amiga, eres el delirio
de un mundo repodrido,
qué sé yo, ese olor a cloro de sentina,
algo de lo que viene siendo Europa.






MONÓLOGO DEL TRANSPARENTE


No puedes sospechar
que soy quien deseo que desees
mas no has de lamentar ni te es precio.
Desconoces el azar que a dos mesas
ni te pesa ni te quita, a ti te da lo mismo.
Un hombre nunca vale un reino
aunque quizá valga la pena.

Ers una reina que no sabe desear,
te escribo a ti que ni me observas;
yo sigo en este bar donde te miro,
borracho, como el sátrapa de Persia.

  

jueves, 26 de agosto de 2010

Laimagenlapalabra

A principios de mayo, en un rincón precioso de este mundo, llamado Forès, conocí a este magnífico poeta llamado Miguel Agudo. Autor polifacético, metido de lleno en otros lenguajes, como el de la poesía visual, es también un notable poeta discursivo. Dejo aquí uno de sus poemas (ya he enlazado también su web) el que abre su libro "CUANDO HERODES LA TIERRA", para quien lo quiera.



...DE UNIVERSO



Al principio
-eran las cuatro y cuarto de la tarde-,
se levantó Dios de la mesa
y creó un café solo.
Y pensó que sabría demasiado fuerte
y creó Dios un terrón de azúcar.
Y, parafraseando a Arquímedes, se dijo:
"dadme una cucharilla y..."
y removió el terrón
-sin sudor de su frente
ni usar azada alguna-,
y quiso sorber
y sin querer besó
esta negrura...






viernes, 25 de junio de 2010

Destruir, destruir

Intentando poner orden entre el maremagnum de papeles, revistas, libros y otros objetos y artefactos inútiles, he dado con dos viejos folios en los que se conservan, intactos, los versos de sendos poetas, Ledo Ivo y Eliseo Diego. Aparentemente, nada tienen que ver uno con otro. Después de una primera lectura, algo similar empieza a aflorar desde sus palabras. A la segunda, las voces empiezan a armonizarse, como si alguna magia oscura las fuese superponiendo. A la tercera, ya casi son la misma voz, reproduciendo graves y medios para crear un maridaje excepcional, acompasado, oculto y a la vez evidente. Se hacen presentes entre la nube espesa del tiempo y susurran un canto en el que las notas parecen querer retener el transcurso de las horas, los días y los años. Aquí los dejo, para quien los quiera.


LOS MURCIÉLAGOS


Los murciélagos se esconden tras las cornisas
del almacén ¿Pero dónde se esconden los hombres,
que vuelan la vida entera en la oscuridad,
chocando contra las paredes blancas del amor?

La casa de nuestros padres estaba llena de murciélagos colgados,
como luminarias, de las viejas vigas
que apuntalaban el tejado amenazado por las lluvias.

"Estos hijos nos chupan la sangre", suspiraba
mi padre.

¿Qué hombre tirará la primera piedra a ese mamífero
que, como él, se nutre de la sangre de los otros animales
(¡hermano mío! ¡hermano mío!) y, comunitario, exige
el sudor de su semejante aún en la oscuridad?

En el halo de un seno joven como la noche
se esconde el hombre; en el algodón de su
almohada, en la luz del farol
el hombre guarda las doradas monedas de su amor.

Pero el murciélago, durmiendo como un péndulo, sólo guarda el
día ofendido.
Al morir, nuestro padre nos dejó (a mis ocho hermanos y a mí)
su casa donde de noche llovía por las tejas rotas.
Pagamos la hipoteca y conservamos los murciélagos.
Y entre nuestras paredes se debaten: ciegos como nosotros.


Ledo Ivo (Brasil, 1924)
"La moneda perdida"




TIEMPO DE LA FOTOGRAFÍA



Ávida vuela la palanca
y entra veloz la luz, el tiempo
preciso y justo de la arena
precipitándose a la trampa. Todo
queda ya igual
-ya para siempre.

Los niños y el resol, la viva espuma,
las nubes en sus coros displicentes,
la dicha inmensa del verano
y el simple estar allí
-tal como era
en aquella otra luz
-en aquel tiempo.



Eliseo Diego
"Los días de tu vida"

domingo, 4 de abril de 2010

MENOSLUZ

MENOSLUZYMÁSTIEMPO
ADORÁNDOTESIENDOACADAHORA
COMOUNVIEJOSATÉLITE
DELQUENOPUEDESNUNCA
DESPRENDERTE

DESCANSOENTUSOFÁ
DUERMOENTUCAMA
ATERRIZOENELSUELO
DETUSINDECISIONES
INVADOTUCOCINA

NUNCAANTES
TENDÍTUROPA
CONESTAALEGRÍADEVERANO

NUNCAANTES
REGUÉTUSPENSAMIENTOS
CONESTATRANSPARENCIA

NUNCALAPALIDEZFUECLARIDAD
ANTESDEESTEREENCUENTRO

AHORATODO
ESNUESTRO
YESNOSOTROS

AHORANADA
PUEDEDETENERNOS

martes, 27 de octubre de 2009

LA VERDAD DEL FRÍO

Hay momentos en los que uno se siente afortunado, en que sus expectativas se han visto colmadas, en que los deseos se cumplen, sin más. Para un poeta, como para cualquier creador, el momento de ver impreso uno de sus libros, fruto de años de búsqueda, de escritura, de correcciones, de dudas, es la culminación de todo el trabajo que se puso en marcha mucho tiempo atrás, asediado por las incógnitas, por la incertidumbre acerca de la forma que tomarán los versos y la dirección en que le llevarán. Es, sin duda, la hora de la verdad, la hora en que el poeta deberá enfrentarse a sí mismo y decidir si ha valido la pena, y en la que el juicio de los otros vendrá a refrendar o a contradecir la idea que él tenía acerca de sus versos. En poesía, generalmente, y con muy escasas excepciones, nada tiene demasiado eco, nada va mucho más allá de los círculos más próximos, familia, amigos, compañeros de oficio, con suerte un grupo reducido de críticos más o menos profesionalizados y con más suerte un puñado de lectores no vinculados a las circunstancias biográficas del poeta. A pesar de todo, no deja de existir en él una cierta inquietud sobre el recibimiento que va a tener su obra. Así me siento yo ahora, inmerso en esa mezcla de alegría e inquietud, esperando que el libro empiece a distribuirse, soñando con que llegue a las manos adecuadas, aquellas que lo sepan apreciar en lo que es, a saber, un intento más de dar razón de algunos aspectos de la realidad que, ni se explican por sí mismos ni pueden -creo- ser apuntados o sugeridos desde otros lenguajes que no sean el de la poesía, el lenguaje aparentemente más innecesario, el que para algunos menos conexión mantiene con la realidad de la vida diaria, pero que para otros es absolutamente imprescindible, precisamente por no hacer referencia a esas cuestiones más pragmáticas de la existencia y pretender explorar otros planos de lo individual y de lo colectivo. Así me siento ahora, a la espera de ver que La verdad del frío busca su lugar en el mundo y las manos que lo sostendrán bajo una mirada atenta, una mirada que alcance a descubrir alguna pequeña verdad ocasional que le ayude a hacer más llevadera la pesada carga de los días. Me siento, también, afortunado, porque el libro se hizo acreedor al IV Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere 2008, lo cual ha permitido que sea publicado por una excelente editorial, La Garúa, con un prólogo breve pero lleno de cariño de la mano de un poeta muy querido y admirado, Jordi Virallonga. No se puede pedir más, y no pido más. Sólo quiero compartir mi alegría con los pocos que os acerquéis hasta este cuaderno semiabandonado. Gracias a todos los que han hecho posible la edición de este libro, al jurado que lo valoró como merecedor del galardón, al editor que lo ha convertido en un bello objeto de lectura, a Jordi Virallonga por sus generosas palabras y a todos los que me han apoyado y me apoyan en esta tarea casi clandestina de escribir versos. Transcribo algunos poemas del libro y me hago eco de la presentación que tendrá lugar el próximo 5 de noviembre en Santa Coloma de Gramenet, en la Biblioteca de Can Sisteré, a las 20.00 horas.






EL ANIMAL DEPUESTO

Coronado de luces engañosas,

anclado en su espejismo,

dormita su ebriedad el universo.

Ya levantó su manto el dios inconocido,

ya el ángel de lo oscuro ha deslizado

su aroma de tiniebla entre las cosas.

Arcángeles, demonios, héroes y villanos,

sobrados y excedentes

del cálculo satírico del tiempo,

mecen sus armas a la luz del aire,

mas, ninguno recuerda los motivos.

No sabe nadie. Todos desconocen

la precaria certeza del principio,

y sesgan la corteza de la tierra

por una posesión inaprehensible.

¿Quién es dueño del Hombre?

¿De quién debiera el Hombre liberarse?





ARS ADIVINATORIA

Saber que hay un abismo

lamiéndote las plantas de los pies,

que vives de prestado, en un impás de aire,

calmándote la sed con unas aguas

que no te pertenecen,

surgido de la estela de unos nombres

que un día u otro van a ser silencio

y te van a dejar abandonado,

a merced de otros tiempos, de otras voces

al fin desconocidas.

Saber que en el final hay un principio

y que el mundo trasciende tu mirada

no produce inquietud, ni desvarío,

tan solo la nostalgia anticipada

de lo que no será, de este momento

al que nunca podrás encadenarte.


TENTATIVA


Cuando alumbras

la saliva limítrofe de un nombre

igual que un universo en construcción,

amenazado siempre de hecatombe,

de muerte, de fracaso;

cuando ensayas el himno del perdón,

el viento aúlla entre las gárgolas

consolidando la verdad del frío.


EL DESCONSTRUCTOR


He cumplido siglos de espuma

seguido de hombres y ratas

y otras criaturas prisioneras.

Apenas nada

ha sobrevivido a mi tacto

y a mi mirada.

He crecido en mi propia desunión,

en la escisión constante con el tiempo,

he sido tantas ansias de no-ser,

he sido oscuridad, temor de luz,

bajo la incandescencia de estos ojos cansados

y enrojecidos por el peso de un milenio.

Soy demasiado viejo y es demasiado tarde

para querer morir en el intento.

Primero debo acabar el trabajo:

destruir todo rastro de mí mismo.





LAMENTO DE NO-MUERTO

Yo supe que tú eras la mujer de mi vida

al verte soportar en aquel beso

mi aliento de no-muerto mezclado con four roses

mientras otro no-muerto llamado Kurt Cobain

maldecía la noche aullando al infinito.


Yo supe que eras tú

y aposté tanta sangre de no-muerto

como había en mis venas a lo nuestro.


Yo supe que tú eras la mujer de mi vida,

lo que no sabré nunca

es por qué no supiste que yo era

el hombre de tu vida.