domingo, 13 de septiembre de 2009

AVE, RELLO!

Para los que le conocen, para los que no le conocen, para los amantes de la buena poesía, para los despistados que leen versos por primera vez, para los de la experiencia, para los silenciosos, para los esencialistas, para los clásicos, para los innovadores, para los eclécticos, para los desesperados, para los ilusionados, para los escépticos, para los ingenuos, para los despiertos, para los aburridos, para los que le conocen (joder, que me repito!). Para todos, sí, per tutti, como la buena tónica (con sus gotas de gin, claro, o sin ellas también). No sé si la crítica se atreverá a pasarlo por alto (cosas peores hemos visto), no sé si los buenos catadores llegarán a degustarlo, pero este libro destila el mejor caldo de cultivo para las sensibilidades avisadas. Rello tuvo a bien invitarme a participar en la fiesta poética de su Libro de cuentos, y así nació este prólogo que os transcribo y que ojalá os anime a buscar el libro y empaparos con su magnífico universo poético. Os dejo también un par de poemas pertenecientes al libro, para que tengáis un tast de esta maravillosa obra.







PARA QUE EL TIEMPO NO ABATA EL RECUERDO

Borges escribió alguna vez que hablar abstractamente de poesía es una forma del tedio o de la haraganería. El gran escritor argentino no albergaba duda alguna respecto a que la poesía es el encuentro del lector con el libro, el descubrimiento del libro.[1] Pese a ello, y a pesar también de mis reservas acerca de la utilidad de este tipo de textos a los que llamamos prólogos, me propongo situar algunas palabras entre lector y poemas, con la esperanza de que despierten alguna suerte de curiosidad en el primero, que le incite a la lectura de los segundos, prescindiendo, si ello fuera necesario, de las elucubraciones y desatinos del llamado prologuista.

Mateo Rello es un poeta experimentado, a pesar de haber dado a los lectores, hasta la fecha, un único libro de poemas, titulado Orilla sur, publicado por Ediciones del Grupo León Felipe en 2003. Experimentado porque su relación con la poesía es continua y constante, además de saludable: a través de la lectura de clásicos, modernos y contemporáneos; por medio de la edición, desde la dirección de Caravansari, revista de poesía en lenguas peninsulares; a través del cultivo de la atmósfera, mediante su participación en multitud de recitales y encuentros poéticos; y a través –por supuesto- de la escritura, ejercicio en el que no ha cesado a lo largo de los últimos años. Esta confluencia de facetas ha ido trazando poco a poco un camino y una distancia respecto a su creación anterior. Orilla sur es un libro excelente al que apenas podríamos dirigir reproche alguno, pero el poeta Mateo Rello ha avanzado poéticamente hacia territorios más conmovedores, más sorprendentes, más líricos, más ricos en su grado de sugerencia, más hermosos y más interesantes para el lector.

Libro de cuentos constituye una apuesta valiente de su autor, en un panorama poético que parece dirigir su mirada mayoritariamente en otras direcciones estéticas. No hay casi nada en esta obra de las tendencias realistas más recalcitrantes, ni de los alardes conceptuales más “hondos”, ni de la reconcentración y el mutismo de otras poéticas más –por decirlo de algún modo- herméticas. Libro de cuentos sigue su propio camino, el camino trazado por su autor con mano firme y sin la necesidad de verse auspiciado o respaldado por el calor de credo poético alguno.

Aún así, nada de lo que airea Rello en sus cuentos desdice a sus ancestros poéticos; nada, por contra, le vincula a ellos trivialmente, sino de una forma meditada, interiorizada, aprehendida. El nexo no visible inmediatamente con Pessoa es ese gusto (o esa necesidad) de multiplicar su voz y modular con ella tonalidades insospechadas para cualquier poeta, amén del pesar por tener que vivir la decadencia de los siglos posteriores al desencanto del alma. Esta última noción la comparte también, posiblemente, con Baudelaire, otro de los visionarios con respecto a las consecuencias de la utilización poco escrupulosa de los ideales de la Ilustración a la hora de sentar las bases y afianzar el desarrollo de una sociedad industrial tecnificada. El intuíble nexo con Gil de Biedma, otro adicto a las ciudades que poseen –todas- algo de la Barcelona de ambos. O ese Horacio, para mayor abundamiento, del que bien pudiera haber adquirido nuestro poeta su tendencia a la gracilidad del verbo y a la pausada, cadenciosa música, y de quien bien pudiera también haber tomado esa capacidad de orfebre para ir recreando pacientemente su bordadura sobre la plateada y deslumbrante superficie del papel, siguiendo la máxima del gran poeta latino: censurad el poema que no han corregido muchos días y muchas tachaduras no han pulido diez veces hasta poder desafiar a la uña mejor cortada.[2]

Ese camino, al que no me atrevo a adjudicar un apelativo, en este su Libro de cuentos dirige la mirada a dos ejes fundamentales que atraviesan la obra de extremo a extremo: la historia y la ciudad. Ambas construcciones del hombre ligadas estrechamente entre sí y a la vez marco ideológico y social (político), respectivamente, que condicionan el devenir del ser humano, del individuo, en su trayectoria vital.

Pero la mirada histórica de Mateo Rello tiene una peculiaridad, no es una mirada meramente retrospectiva, un volver la vista atrás con la pretensión de dotar de coherencia al relato o relatos de los hechos, sino que se resuelve introspectiva, convirtiendo la historia en un acontecer íntimo, de tal modo que, a la idea de construcción, de acumulación de estructuras sobre los hechos concretos, suma la de un devenir sentimental o emocional, contribuyendo a elaborar una comprensión diferente del relato histórico, deudora, en gran medida, de lo popular y, sobre todo, de lo mítico, lo que trae a nuestro recuerdo las palabras de Steiner, quien afirma que la mitología es algo más que historia hecha recuerdo; pues el mitólogo –el poeta- es el historiador de lo inconsciente.[3] En esto último estriba uno de los grandes logros de este Libro de cuentos, en la indagación a lo largo de las zonas más neblinosas y opacas del inconsciente, tratando –siempre con éxito- de rescatar para la conciencia el valor incalculable de sus impresiones, sensaciones y emociones. Así, Rello crea un personaje quie atraviesa los siglos y que mira con los ojos, pero también con el corazón, con la luz del espíritu (perdón por la grandilocuencia del tópico) a personajes como Caín, Solón, Herodoto, Homero u Horacio, alcanzando un extraordinario grado de empatía con cada uno de ellos y con su esfuerzo, en palabras del propio Herodoto, por que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones de los hombres (palabras a las que Rello otorga una forma más poética y más concisa, a saber, para que no se pierda lo ocurrido entre los hombres, poniendo el dedo en la llaga, es decir, en la sensación de pérdida que embarga, a lo largo de todo el poemario, a su “yo” poético). Personalmente, creo que nuestro poeta prefiere a Herodoto antes que, por ejemplo, a Tucídides, además de por ser aquél el “padre de la historiografía”, por sentirlo más próximo a su idea romántica, si se me permite la expresión, de la historia, y más maleable a su concepción de ésta como cuentos que se transmiten de generación en generación. Tucídides, decididamente, no le sirve, por ser más presuntamente riguroso con las fuentes y por haber sustituído facticidad por causalidad.

Por lo demás, personajes como Homero (el múltiple, / el hipotético, en los versos de nuestro autor) son traídos tal vez a Libro de cuentos con la intención de mostrar que la poesía es anterior a la historia y que durante largos siglos se ha erigido en el principal vehículo de ésta, aunque algunos críticos y poetas de nuestra más estricta contemporaneidad consideren (tal vez con algo de razón) que en nuestro tiempo una poesía entregada al relato de los hechos sea abiertamente reaccionaria.

Hay un hecho que Rello, en su ejercicio encaminado a hacer consciente lo inconsciente que se agolpa en el “yo” que mira hacia adentro al mismo tiempo que mira hacia atrás, no soslaya: a veces la historia se compone también de ocultamientos y de omisiones, ya sean éstas accidentales o deliberadas. Esos ocultamientos, como en el caso de Herculano (hoy Ercolano) -sepultada bajo las cenizas y la lava del Vesubio- acaban convirtiéndose, en ocasiones, en el mejor modo de preservar el conocimiento del pasado.

Pero la mirada atrás, que es simultáneamente mirada al interior, practicada por nuestro poeta tiene todavía una connotación más, un componente que podría calificarse de nostálgico y que conduce a su personaje poético hacia una especie de hedonismo vinculado a la otredad, y que enlaza directamente la historia colectiva con la personal. El “yo” poético intenta evocar el continente hundido de la infancia, una Atlántida que, pese a los esfuerzos del personaje, no puede ser rescatada ni tan solo mediante ese ejercicio de evocación, lo que obliga a profesar un cierto optimismo individual que hallaría algo parecido a una correspondencia con las teorías que señalan la existencia de una reiteración cíclica en los acontecimientos históricos. De ese modo, la historia (la personal, la colectiva) sería algo así como un volver a empezar, con el entusiasmo del que afronta la empresa más fascinante. En lo individual, ese volver a empezar necesitaría apoyarse en la idea del juego (de ahí la importancia de fijar la mirada en la infancia) como principal aliciente para vivir una existencia plena. La fantasía, la magia, lo lúdico como ingredientes imprescindibles a la hora de colmar ese hedonismo vinculado a la otredad, que puede ser satisfecho, por ejemplo, mediante el juego amoroso.

Para cerrar estas breves reflexiones acerca del tratamiento de la historia que observo (y que entiendo son discutibles) en Libro de cuentos, creo que todo lo anteriormente dicho puede verse contenido en una sola idea: si la tradición poética, cuando se ha remitido a la historia, ha adoptado habitualmente maneras épicas, Mateo Rello, con habilidad y dominio de las ideas y los tempos, sitúa su personaje entre la épica de la acción y la lírica del pensamiento. La historia, o más bien las historias, necesitan un espacio en el que ser recreadas (al margen del lugar, el topos en el que –o sobre el que- acontecer, del que nos ocuparemos enseguida). La manera de abarcar todos los relatos y todos los escenarios es la interiorización, la espiritualización de la narración histórica, como materia que ha conformado el carácter de los hombres y mujeres y, por lo tanto, de los poetas; y eso requiere una puesta en escena eminentemente lírica, tal el modo en que aborda Rello la cuestión.

Referirse al topos, al lugar geográfico, al escenario físico donde acontece la existencia es , obligatoriamente, hablar de la ciudad. La ciudad, igual que señalábamos anteriormente con la poesía, existe con anterioridad a la historia. El génesis da cuenta de ello, y esta circunstancia no la pasa por alto el poeta, que sitúa en Caín y en su descendencia el punto de partida del hombre como animal político, siguiendo este hito de la tradición judeo-cristiana:

Salido, pues, Caín de la presencia del Señor, prófugo en la tierra, habitó en el país que está al oriente del Edén.

Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y parió a Henoc: y edificó una ciudad que llamó Henoc, del nombre de su hijo.[4]

Pero la ciudad, creada por el desterrado, produce a su vez nuevos desterrados, surgiendo así, en el mismo momento del nacimiento, la dialéctica entre arraigo y desarraigo, tan propia de la existencia del ser humano a lo largo de siglos y milenios. Lo fundamental de esta idea es, no obstante, que el desterrado del paraíso busca el modo de construir artificiosamente un nuevo edén en el cual, a semejanza del originario, poder resolver satisfactoriamente todas sus carencias y recuperar la seguridad y la felicidad perdidas.

La ciudad es el punto donde cobran su máximo vigor los anhelos de hombres y mujeres, y donde esos anhelos se ven defraudados. Donde el individuo alcanza a intuir su identidad y donde comprueba tristemente que la ha perdido. Donde es capaz de sentirse en casa para después comprobar que no es sino un extranjero más. Ese topos le ofrece, en términos geográficos, físicos, lo que su devenir existencial en términos espirituales: las sensaciones más gratificantes y las más nauseabundas, la expectativa mayor y la más grande caída. La ciudad, las ciudades del pasado conservan, a los ojos intro-retrospectivos del poeta, su esplendor, su aroma, su magia. Sin embargo, la ciudad contemporánea, aunque retiene ocasionalmente algunas reminiscencias de lo anterior, acumula un peso difícilmente soportable, el peso de una decadencia irrefrenable, que se descarga sobre los hombros frágiles del individuo, ya agotado anímicamente por los efectos de la racionalización a ultranza impuesta, como indicábamos al principio de esta introducción, por la deficiente o tendenciosa comprensión y desarrollo de los valores de la Ilustración. La razón instrumental, engendro deforme de aquélla, al que se enfrentaron Adorno, Horckheimer, Benjamin y otros miembros de la Escuela de Francfort (en filosofía) o Baudelaire, por ejemplo, en poesía, ha arrasado con gran parte del talante amable y acogedor de la ciudad. Pero cabe decir que el “yo” poético que Rello pone en juego a lo largo de los versos de Libro de cuentos, intuye o presiente ya en la ciudad del pasado las manifestaciones de un modo previo de destrucción: la paulatina degradación y descomposición moral y espiritual a la que poco antes hacíamos referencia. Aquellas ciudades ya han iniciado un recorrido involucionista que deja tras de sí un rastro de luces y de sombras. En sus sombras podemos palpar las señas más evidentes de la corrupción de un modo de vida; en sus luces, la nostalgia –anticipada o real- de lo que empieza a manifestarse ya , o está, de facto, irremisiblemente perdido, y que se halla en la propia esencia de la ciudad: también, ciudades, vuestra identidad / (...) comprende vuestro fin: la destrucción.

La ciudad que retrata Rello poco tiene de casual o de fortuíta. Responde, más bien, al talante y al temperamento de los hombres y mujeres que la habitan. Ninguna forma vuestra es gratuíta, escribe. Todo en la ciudad responde, primeramente, a la ensoñación del ser humano, y finalmente a su incapacidad para recrearla tal y como la soñó. De la ensoñación es responsable, en cierta medida, la literatura: Sé que sin Piranesi y sin Calvino, / sin Lovecraft y sin Dunsany, sin Poe / no hubierais sido como os soñé. La ciudad de Rello, además, casi siempre tiene un puerto, una apertura al mar, que se me antoja una vía de escape, una salida a la inmensidad, al impresionante espacio abierto en el que poder llenar los pulmones de un aire no viciado, en el que experimentar la soledad necesaria a toda criatura, o a través del cual emprender la huída, después de haber transgredido los límites encorsetados del engendro urbano.

Entre toda esta amalgama de ideas (bien estructurada en los versos, mal relacionada aquí), el poeta tiene tiempo y ganas de rendir su particular tributo a algunos de sus autores de cabecera o a aquellos cuya obra y/o biografía despiertan en él más simpatías, homenajeando, por hacer alguna mención, a la literatura fantástica (Dunsany), de terror o suspense (Poe), de viajes (Conrad), de aventuras (Stevenson), e incluso desplegar una encantadora capacidad de fabulación en lo tocante a sus aportaciones pseudobiográficas en alguno de los personajes aludidos.

Me queda casi nada por decir. Celebrar la recuperación y el regreso a escena de dos de los heterónimos del autor, Fernando Silva y Liberto Acina, ambos con su peculiar registro creativo y su particular modo de arder en el fuego de la historia, en la imparable hoguera del tiempo, y que dan cobertura poética a algunas de las inquietudes ideológicas de Rello. Y celebrar también los apócrifos de Delia Galilea, que nos conducen a un final exquisito y apoteósico en el que la existencia es afirmada categóricamente como tránsito, no existiendo el refugio definitivo, sino solamente la nostalgia de aquéllos que lo fueron momentáneamente y nos brindaron su protección, su abrigo, su aroma de hogar imposible:

Tener

esperándonos, ningún hogar.

Ni entre las llamas,

más atrás,

ni en los incendios de mañana.






J. A. Arcediano

SVH, febrero de 2009



[1] Jorge Luis Borges. Siete noches. “La poesía”. Madrid, Alianza Edit. 2002. Pp. 107 y 105 respect.

[2] Horacio. Epístola a los pisones. 290-300.

[3] G. Steiner. Lenguaje y silencio. “Homero y los eruditos”. P. 164.

[4] Génesis. IV. 16-17.





POEMAS DE LIBRO DE CUENTOS




El desterrado se detiene,

mirada adentro, el incendio le persigue,

araña el suelo y en las yemas

de los dedos siente

agitarse las chozas y rebaños,

las torres y palacios,

las calles populosas,

siente los siglos y las revoluciones,

el arrojo, la infamia, la venganza pero no la pureza―,

las canciones y cuentos de las generaciones...


[Mira: es Caín]









Es el ocaso. Arden,

en torno de la nave,

el oro y el carmín

de tantas islas.

Tú y yo nos aquietamos;

la hora nos encuentra en un silencio

suntuoso y espeso. Callamos

y te cojo de la mano.

Delante nuestro,

el inconmensurable ciego

que murmura mientras mueve los dedos.

Te digo: “Largas y breves, está contando

las sílabas de un verso”.

Su misterio es antiguo,

de una tierra entre ríos, de donde vino el canto.

Orlado por la luz, desdibujado en sus contornos,

se diluye en un ámbito inquietante,

él múltiple,

él hipotético,

sombra de sombras que, bastón en mano,

fueron, como irán, de pueblo en pueblo

a salmodiar noticia de las cosas,

él múltiple,

él hipotético:

su canción es de todos y él, ninguno.

Le señalo y te susurro:

Es Homero.


[Es Homero]













Menos sensibles que las bestias,

no supimos leer en el Gran Libro

los signos de temblores y calor,

de prolongados y estremecedores

aullidos a las últimas lunas

todo el desasosiego

de aquel paisaje ubérrimo.

Dormirían largos siglos

las joyas minuciosas, los vivientes frescos,

los procaces grafitos clandestinos

en la opulencia de las calles.

Y los cuerpos

en sus nidos

en sus nichos de lava, cuerpos que tocábamos

en el festín de aquellos días.

La suerte bajo forma de navío griego

nos alejó en la hora precisa

entre blasfemias y una cósmica

sensación de desamparo―,

cumplida la sentencia de aquel mundo.

Hoy hemos vuelto a ver,

en el Archeologico de Nápoles,

la gran llave de hierro que guardaba la casa

donde bebimos y gozamos a la sombra del amigo

en los últimos, luminosos días

de Herculano.


[Huyendo de Herculano]




UTOPÍA

UN DÍA, no hace mucho, me llamó mi amigo Peter Kane, y me propuso un negocio de esos que no se pueden rehusar. Empezó a largar acerca de un colega suyo, Jeús G. Aguagria, pintor, de los buenos, de los que identifican la palabra arte con la expresión modo de vida, de los que no han olvidado que el mundo se construye desde las ideas, de los que creen que todavía hay alguna posibilidad, de los que se permiten soñar y, más aún, plasmar sus sueños en un lienzo, a base de inventar nuevas cosmogonías desde las cuales es posible construir sin el lastre de todos los errores y abusos de la raza humana. Un hombre de principios, vaya (principios para comenzar y principios para regirse, para darse una ética poco frecuente entre nosotros, los habitantes de este paraíso que ha palidecido en desierto). No negaré que, de entrada, me dieron ganas de decirle a mi querido Peter Kane que ya no quedan especímenes como el tal Aguagria, y que no me vendiera motos, pero, tras unos segundos de reflexión, le animé a que siguiera con su rollo. Me habló entonces de una exposición titulada UTOPÍAS, que se iba a inaugurar (y se inauguró) el 5 de septiembre, y que permanecería hasta el 11 de octubre en el Centre d'Art Contemporani Can Sisteré, en Santa Coloma de Gramenet (esa city situada al otro lado del Hudson, digo, del Besós). ¿Y por qué me cuentas todo esto a mi? ¿Qué pinto yo en todo esto? Más bien poco -me dijo con su voz jonda y cazallera- pero algo sí, querido comisario: la cuestión es que entre los diferentes actos que se han programado en relación con la exposición de Aguagria, hay un recital de poemas, previsto para el día 1 de octubre allí mismo, en Can Sisteré, en el que me gustaría que participases. Los honorarios, los de costumbre: 5000 pavos per cápita, aparte las carteras y relojes que podamos agenciarnos. Una sola advertencia, nada de sangre, quiero que sea un trabajo limpio, ¿estamos? O.K., contesté, allí estaré, amigo. Por cierto, ¿el resto de la banda?, pregunté. No te preocupes por eso, comisario, todos ellos verdaderos profesionales: Mateo Rello, José Luis Cabeza (alias El payaso manchego), Carlos Quesada (de Lautateatre), el propio Aguagria y servidor (Peter Kane). Corre la voz, amigo, que la vamos a liar parda. Y colgó el teléfono, antes de que tuviera tiempo de decirle que estaba encantado de trabajar junto a algunos de los mejores.






A Buenaventura Durruti

Acrílico y óleo sobre tela. 100 x 100 cm.
Portada del catálogo de UTOPÍA










Un apunte para UTOPÍA







En Nueva York ya no se comen callos.

Tampoco peus de porc, ni cap i pota.

Ni morcilla de Burgos, ni cecina.

Sólo un cuarto de libra en un Macdonalds
o un big mac para el tipo más hambriento.

La utopía que alimentaba al hombre

se ha vuelto contra el hombre,

ha devorado al hombre que ya no come callos,

y sumido en la desesperación

se dispersa en su propia incompletud

de sujeto que ya no come callos.

Ha llegado la hora de los monstruos,

la hora del deshielo.

Niebla sobre Manhattan,

puentes innecesarios.

Nadie come callos por el cielo. Nadie, nadie.


miércoles, 27 de mayo de 2009

LO QUE DICEN LOS MUERTOS

Lo que dicen los muertos lo dicen con palabras que dejaron aquí, abandonadas a su suerte y en las manos de unos cuantos cazadores de palabras de muertos. Palabras de muerto son palabras de muerte disfrazadas de vida, revestidas de la vida que fueron y la belleza que exploraron (o la fealdad que sufrieron). Palabras de muerto son palabras con una vida perpetua, con un recorrido sin final. Sobre papeles viejos con palabras de muerto, con palabras de muerte, queda retratada la vida que fue. Todos nos acabamos y por temor a ese acabamiento [algunos] vamos dejando señales por el camino, por si fuera posible algún modo de regreso, por si fuera posible que alguien nos acompañe en ese viaje.
Palabras de muerto Benedetti, que se ha ido por ese camino dejando un millón de señales. Yo te acompaño siguiendo las señales, tus palabras de muerte, tus palabras de muerto que me atan a la vida, porque no queda otro remedio que vivir interpretando las señales, leyendo el interminable poema del mundo.
Palabras de otros muertos no tan rezados, no tan llorados, no tan recordados, pero no menos muertos con palabras de muerte con palabras de muerto. Hace unos años (pocos) se fue Martí i Pol dejando sus palabras de muerto palabras de muerte y se fue Vázquez Montalbán dejando sus palabras de muerte palabras de muerto. Fueron miles, cientos de miles, los que les lloraron como se llora a los hacedores de palabras de muerte palabras de muerto. Pocos días más tarde se iba otro hacedor de palabras de muerto palabras de muerte al que muchos conocían pero otros muchos no, porque no estaba tan de moda, porque es menos políticamente correcto conocer y celebrar a figuras más conservadoras (desde un presunto punto de vista político), porque para unos era catalán y para otros un catalán que a veces escribía en castellano o por lo que sea. El caso es que los dos primeros tuvieron sus homenajes y sus plañideras de forma unánime y multitudinaria, pero el último apenas dio que hablar, exceptuando algunos diarios y publicaciones que le dedicaron buena parte de su atención. A servidor, como poeta, es el que más le gustaba de los tres, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que recuerdo con mucho cariño y con una casi sonrisa los versos de Benedetti, quiero transcribir un poema de Joan Perucho, en primer término, otro de Benedetti que es de los pocos que puedo recitar (en parte) de memoria, otro de Vázquez Montalbán y, ya puestos, uno de Martí Pol. Por cierto, que los cronistas no han parado de mostrar poemas de Benedetti musicados por Serrat, y a nadie se le ha ocurrido, por ejemplo, que un excelente cantautor llamado Enric Hernàez hizo lo propio en uno de sus discos (Oh poetas salvajes) consiguiendo una versión exquisita y digna de los mejores paladares musicales.


DESOLADA VISIÓ DE L'EBRE

Penso en aquesta aigua silenciosa
que va baixant.
S'atura com si sabés que és pensada
en la gran calor del desert.

Brillen els cotxes sota el sol,
sota questa pols que el vent s'emporta
cap a les terres de garriga,
ermes i assedegades, solitàries.

I veig les teves lentes aigües roges,
malenconiós riu que fuges
per un camí mil·lenari,
sense desig, sense fortuna,
mandrosament absort.

[Joan Perucho]



DESOLADA VISIÓN DEL EBRO


Pienso en esta agua silenciosa
que va bajando.
Se detiene como si supiese que es pensada
en el gran calor del desierto.

Brillan los coches bajo el sol,
bajo este polvo que se lleva el viento
hacia las tierras de garriga,
yermas y sedientas, solitarias.

Y veo tus lentas aguas rojas,
melancólico río que huyes
por un camino milenario,
sin deseo, sin fortuna,
perezosamente absorto.


[traducc. J. A. Arcediano]




MONSTRUOS

Qué vergüenza
carezco de monstruos interiores
no fumo en pipa frente al horizonte
en todo caso creo que mis huesos
son importantes para mí y mi sombra
los sábados de noche me lleno de coraje
mi nariz qué vergüenza no es como la de Goethe
no puedo arrepentirme de mi melancolía
y olvido casi siempre que el suicidio es gratuito
qué vergüenza me encantan las mujeres
sobre todo si son consecuentes y flacas
y no confunden sed con paroxismo
qué vergüenza diosmío no me gusta Ionesco
sin embargo estoy falto de monstruos interiores
quisiera prometer como Dios manda
y vacilar como la gente en prosa
qué vergüenza en las tardes qué vergüenza
en las tardes más oscuras de invierno
me gusta acomodarme en la ventana
ver cómo la llovizna
corre a mis acreedores
y ponerme a esperar o quizás a esperarte
tal como si la muerte fuera una falsa alarma.

[Mario Benedetti]






INÚTIL ESCRUTAR TAN ALTO CIELO
inútil cosmonauta el que no sabe
el nombre de las cosas que le ignoran
el color del dolor que no le mata
inútil cosmonauta
el que contempla estrellas
para no ver las ratas


[Manuel Vázquez Montalbán]




NOCTURN

A l'angle del carrer de París i l'Avinguda de Roma,
al bar "l'Estrella", les vigílies de festa,
s'encén un rètol lluminós que anuncia
una beguda d'origen nord-americà.
El barri és nou i trist,
amb cases magres, desiguals, i un aire espès
amb tuf de cuina pobra.
Als carrers sense asfalt s'hi formen tolls
i la llum hi escasseja.
Molts diumenges al vespre,
l'amo del bar "l'Estrella" encén altra vegada
el rètol lluminós i s'embriaga.
La proclama, agressiva, crema tota la nit.
Les dones que treballen
al primer torn i que es lleven de fosc
agraeixen el gest
amb un somriure de complicitat
carregat de tendresa.


[Miquel Martí i Pol]




NOCTURNO

En el ángulo de la calle de París y la Avenida de Roma,
en el bar "La estrella", las vísperas de fiesta,
se enciende un rótulo luminoso que anuncia
una bebida de origen norteamericano.
El barrio es nuevo y triste,
con pocas casas, desiguales, y un aire espeso
con tufo de cocina pobre.
En las calles sin asfalto se forman charcos
y la luz escasea.
Muchos domingos, al anochecer,
el dueño del bar "La estrella" enciende de nuevo
el rótulo luminoso y se embriaga.
La proclama, agresiva, arde toda la noche.
Las mujeres que trabajan
en el primer turno y se levantan
cuando aún esta oscuro
agradecen el gesto
con su sonrisa de complicidad
cargada de ternura.

[Traducc. J. A. Arcediano]





EL EXTRAÑO

a veces el extraño
se cuela entre los surcos del papel
y abandona
palabras de muerte palabras de muerto
en un intento estéril de parar las aguas
a veces el extraño
te habla desde dentro
con la voz gastada
por tanta sequía
a veces en su nombre dejas también palabras
de muerte de muerto
de íntimo enemigo
que espera
en vano
el año de la lluvia.

[J. A. Arcediano]



domingo, 17 de mayo de 2009

UN PLACER, SEÑORAS



Durante estos últimos días he tenido el placer de conocer personalmente a María Victoria Atencia, poeta malagueña de larga trayectoria y de lírica intensa, medida y musical. Presentarla en el ciclo De pensament, paraula i obra me permitió releer gran parte de su obra y comprobar personalmente con qué facilidad y naturalidad se desprende de toda obligación respecto al juicio crítico acerca de sus versos. Eso es cosa de los críticos, dice con buen criterio y sin complejos. Yo bastante tengo con escribir los poemas. Qué razón tiene y qué ejercicio tan sano y humilde. Creo que el poeta conoce a medida que escribe, y no siempre (como dice Mª Victoria) acaba de comprender aquello que ha creado. Sólo puede dar razón de una intuición poderosa, que le empuja a la escritura y que la abre los caminos del verso. Quede aquí el testimonio poético de María Victoria Atencia, una de las grandes voces de nuestra lírica.





HISTORIA


Oh trance de los míos, vivido en propia piel:
sé benigno conmigo.
Si en todo fin está
la huella del comienzo,
déjame holgar despierta con esta historia mía
el resto de mi muerte.






De un modo diferente (gracias a un regalo inesperado) he podido leer algunos poemas de otra excelente autora, muy distinta -desde un punto de vista estético- a Mª Victoria; lejana geográficamente, pero de su misma generación (al menos desde un enfoque meramente cronológico). Idea Vilariño, uruguaya, recientemente fallecida y difícil de olvidar por su dicción sencilla y contundente, reiterativa y ágil, cercana e inquietante:


























QUÉ HORROR



Qué horror
si hubiera dios
y si esas dos estrellas
pequeñas parpadeantes y gemelas
fueran los dos ojitos
mezquinos
acechantes
malévolos
de dios.

domingo, 25 de enero de 2009

REGRESO AL CUADERNO ABANDONADO

Desde que en septiembre dejase nota de mi viaje a México, han sucedido un buen número de cosas que, de un modo u otro han influido en mi estado de ánimo. Algunas han sido agradables, otras tristes y duras. Todas ellas han conformado un final de año intenso y difícil de digerir.
El día 3 de octubre recibí el Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere, en su modalidad de poesía en castellano, por mi libro La verdad del frío. Fue un momento de gran felicidad y de una enorme satisfacción, porque significa un importante espaldarazo a mi trabajo como poeta, además de la posibilidad, hecha realidad, de publicar el libro en una excelente editorial (La garúa libros), dentro de un catálogo lleno de magníficos poetas, con una buena distribución y en una edición cuidada y elegante. Creo que no se puede pedir más, y no pido más.
En noviembre participé en el periplo literario epañol de Laura Fernández MacGregor Maza, haciendo mi pequeña contribución a la difusión de su poesía en nuestro país, con mi humilde intervención en las presentaciones de Barcelona (librería Catalònia) y Madrid (Embajada de México), amén de la Revista Efímera del Aula de Poesía de Barcelona, en la que Laura fue nuestra invitada.
También durante esos días de noviembre tuve el placer de participar en las jornadas de la Asociación de Escritores Noveles (AEN), que tuvieron lugar en Barcelona (Centre d'Estudis Jurídics de la Generalitat de Catalunya) y a las que también asistió como invitada Laura Fernández MacGregor. Desde aquí doy la enhorabuena a Rubén García Cebollero por la organización de dicho evento y por el entusiasmo y el amor a la literatura que demuestra en tales cometidos. Es una suerte que hombres de talento como el suyo decidan implicarse hasta ese punto para crear cauces por los que pueda circular la creación literaria de tantas personas.
A finales de noviembre, el cáncer se llevó a mi padre, después de más de tres años de lucha y sin haber bajado nunca los brazos, sin haber perdido nunca las ganas de vivir y de salir adelante. Todavía hoy, justo dos meses después, me parece imposible que ya no esté, y que no vaya a estar nunca más, pero la vida nos guarda estos trances a todos, y trato de mirar al frente y de seguir, sea como sea. Nada más, y nada menos.
Después de eso, he continuado, con las escasas fuerzas que mis ánimos me concedían, con mis actividades en el Aula. En diciembre presenté a la poeta Luisa Castro en la biblioteca Mercè Rodoreda de Barcelona, dentro del ciclo De pensament, paraula i obra. Fue un placer sumergirme en su poesía y tener la ocasión de conocerla personalmente. En la Revista Parlada nos visitaron Raquel Casas y Joan Carles Gonzàlez Pujalte. Pocos asistentes al acto, pero una intensidad poética altísima y un agradable encuentro en el que los poetas recitaron, explicaron y matizaron detalles respecto de su obra y mantuvimos una charla amena y constructiva.
Mientras todo esto sucedía, durante diferentes días de noviembre y diciembre moderé varios clubes de lectura en bibliotecas de Badalona, con las novelas Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías, l'Ombra de Caín, de Joan Solana (que estuvo presente en el coloquio), KL Reich, de Joaquim Amat Piniella y Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy, de Eduardo Mendicutti. Ha sido una experiencia refrescante, porque la lectura de esas novelas me ha proporcionado un pequeño acercamiento a la narrativa contemporánea de nuestro país, y porque las personas que participan en los clubes son encantadoras y te ofrecen, a veces, visiones sorprendentes de los libros y una simplicidad envidiable a la hora de reflexionar sobre sus contenidos.
Ojalá tuviese tiempo y ánimos para poder hablar en este cuaderno de este tipo de cosas con la calma y la paciencia que cualquier reflexión necesita, pero soy, como casi todos, un esclavo del tiempo, y un poco, también, de mi propia pereza. Esa es la verdad.
Dejo nota, brevemente en imágenes, de la estancia de Laura en Barcelona.

De la Revista Efímera del Aula de poesía de Barcelona



[Carolina Farrés y Albert Gil, en la Revista Efímera, interpretando Desprendimiento, de Laura Fernández MacGregor, versión musical del propio Albert Gil]





[La actriz Cristina Fabregat, recitando poemas de Perlas
de pasión y pensamiento II
, de Laura Fernández MacGregor]





[Laura Fernández MacGregor Maza, dando lectura a algunos de sus poemas, sobre la tarima de Cincómonos]



De la presentación de Perlas... en la Librería Catalònia


[José Iturriaga, Laura Fernández MacGregor, servidor,
Edwin Franco y Marcenia Baqués, promotora de los eventos
literarios de Laura en España]


[José y Laura, durante la intervención del primero]


[Laura se dirige a los asistentes, antes de recitar, Iturriaga
a su derecha, servidor a su izquierda]


[José, Laura, servidor y Edwin Franco]


[Edwin recita algunos poemas del libro]


[Se une al grupo Rubén García Cebollero, para recitar algunas
de sus versiones al catalán de poemas
de Laura]



[Laura y Rubén]



[Edwin, Laura, Marcenia y Rubén]



[Elías, José, Sammy, servidor y Edwin, siguiendo la
intervención de Rubén, junto a Laura]




[La foto de familia: José, Elías, Rubén, Rosa -mi compañera-, Laura,
Sammy, Edwin, Marcenia y servidor]



domingo, 14 de septiembre de 2008

MÉXICO: AMISTAD Y POESÍA

Como ya sabéis, porque lo mencioné en este mismo cuaderno hace tiempo, durante los días 23 al 30 del pasado mes de agosto tuve la suerte de disfrutar de una agradable estancia en México, por cortesía de mi amiga la poeta Laura Fernández MacGregor Maza y de Sammy Barragán que me recibió en su casa. El motivo del viaje fue la presentación del libro de Laura, Perlas de pasión y pensamiento II, pero la semana fue intensa, literariamente hablando, gracias a la cortesía de Eduardo Luis Feher, profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM, escritor, periodista y conductor de un programa de Radio UNAM al que asistimos en calidad de invitados Laura y un servidor, para hablar de poesía y recitar algunos de nuestros poemas. Además de esto, Eduardo tuvo la gentileza de invitarnos a participar en un recital poético en la mencionada universidad, junto con Arturo Morell y Bárbara Schetino. Estoy gratamente sorprendido de la cantidad de mensajes recibidos durante nuestra presencia en el programa y del gran número de estudiantes y profesores que se acercaron hasta el auditorio en que tuvo lugar el recital para escuchar nuestros versos y charlar con nosotros. Es estupendo haber podido comprobar por mí mismo cómo los mexicanos se interesan por esta clase de eventos y participan activamente en ellos.



[en la UNAM, recitando poemas, de izquierda a derecha: Bárbara Schetino,
Arturo Morell, Laura Fernández MacGregor, el Director de la Facultad de Derecho,
Eduardo Luis Feher y un servidor]




[tarjetón virtual de la presentación de
Perlas de pasión y pensamiento II
]




La presentación, que se celebró en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio Nacional de Bellas Artes, con el aforo completo y una excelente acogida por parte de los asistentes, fue todo un éxito. Unas doscientas personas se dieron cita allí y compartieron con Laura ese momento especial que constituye para todo autor la llegada de un nuevo libro. Familiares y amigos de la poeta, artistas, escritores, periodistas y algunos curiosos se dieron cita en tan hermoso y regio marco para conocer sus nuevos poemas y brindaron con ella en la terraza del Palacio, disfrutando de una agradable velada.


[En el Palacio de Bellas Artes, durante la presentación de Perlas de pasión y pensamiento II, de izquierda a derecha, el Dr. José Jorge Prado, Eduardo Luis Feher, Laura Fernández MacGregor y servidor]

Fue un gran placer para mí tomar parte activa en el acto y poder hablar durante unos minutos de la obra de Laura y más concretamente de este Perlas de pasión y pensamiento II, que sigue, de algún modo, la estela de sus anteriores libros, en cuanto continúa ofreciendo esas altas dosis de erotismo a que nos tiene acostumbrados a sus lectores, pero que se va decantando hacia una mayor capacidad de síntesis, hacia una mayor concentración del lenguaje, sin abandonar la sencillez que la caracteriza ni la forma directa de abordar las cuestiones más íntimas del "yo". Este Perlas... tiene, además, la peculiaridad de haber servido para practicar una revisión de algunos poemas anteriores, que vieron la luz hace algunos años, a los que la autora ha aplicado similares principios que a sus nuevas creaciones, obteniendo así nuevas versiones que, sin duda, mejoran considerablemente las anteriores, y demuestran que la poesía es un proceso que sólo tiene fin cuando el poeta renuncia a seguir persiguiendo la perfección formal del poema. La dinámica creadora de Laura Fernández MacGregor se ha fortalecido y la poeta se revela capaz de superarse en el trabajo de pulir su obra y darle a nivel formal una mayor fuerza y capacidad para conmover al lector. Pero no voy a obviar que en la poesía de Laura tienen también espacio otros temas, como la revisión por parte del "yo" de aquellas circunstancias en las que no se ha sentido capaz de ejercer su libertad y su capacidad de elección, la entonación abierta y sincera del "carpe diem" horaciano, la solidaridad con los otros o los homenajes a algunas de las personas que han dejado huella en su vida. Quiero, desde aquí, dar una vez más la enhorabuena a Laura por el libro y por los logros que va asumiendo como poeta, y mandarle un abrazo cariñoso y mi agradecimiento por haber querido contar con mi pequeña aportación al alumbramiento de su última criatura poética.
Al margen de los eventos literarios, he podido disfrutar de la compañía de mis nuevos amigos mexicanos, de su generosa hospitalidad y de su trato cálido y cariñoso. De una gastronomía exquisita, de algunos lugares de gran belleza, como Tepoztlán, Taxco, México D. F. (impresionante), la ciudad de Cuernavaca y, cómo no, del tequila y el mexcal.




[Con Edwin (centro) y Sammy (con gorra),
brindando en una taberna de Tepoztlán]




[de izquierda a derecha, Sammy, Laura, Edwin y Elías.
Al fondo, Taxco]


[junto a Laura Fernández MacGregor Maza, con
el mismo
decorado de fondo: la preciosa ciudad de Taxco]



[vendedores en el mercado de Taxco]


Quiero aprovechar para enviar desde aquí un abrazo a Laura, Sammy, Edwin, Elías, Eduardo Luis, Jorge y Blanca, Serrano y Norma, Gregorio, Cristina, Míriam, Bárbara, Arturo, Gustavo y todas las demás personas que han hecho que esos días sean inolvidables.
Muy pronto, durante el próximo mes de noviembre, tendremos de nuevo a Laura en Barcelona, presentando aquí su Perlas de pasión y pensamiento II, en el marco de las Jornadas Literarias AEN 2008 (día 8 de noviembre a las 20,00 horas. Escola d'Administració Pública de Catalunya, C/ Girona, 20), y el día 11 de noviembre en un emplazamiento aún por confirmar. Será un placer volver a escuchar sus versos y disfrutar de su compañía.

Transcribo a continuación un poema que Laura, cariñosamente, me ha dedicado. Disculpad este pequeño ataque de egomanía, pero me apetece mucho compartir sus versos con todos los que os acerquéis a este cuaderno.

DESCUBRIENDO LOS BOSQUES DE WISCONSIN
PARA J.A.ARCEDIANO


Te fuiste, y huí a los Bosques de Wisconsin

en pos de tu aura deseada.

Solamente encontré una mística neblina

que caprichosa se cuneaba

en las ramas aromáticas de las coníferas bastas.


Creí vislumbrar tu esencia, pero me evadió, ligera.

Quedó tan sólo una estela que se mezcló sutilmente

entre los destellos de luz que parpadeaban apenas

dentro de tu idílico bosque.


Hurgué los recovecos y las enmohecidas plantas.

Mis entristecidos ojos destilaron humedades

que deslizaron lento sobre las enredaderas

que se asían, esperanzadas, a los vetustos troncos

en su afán por atisbar un pedacito de cielo.


Arcediano; (mi poeta querubín)

si algún día regresas a tus Bosques de Wisconsin

podrás seguir mi rastro con las perlas diminutas

que dejaron mis copiosas lágrimas.

Ellas son fiel testimonio de que paseé, embelesada,

tu bello bosque encantado... y que al fin

bajo un pino aislado, hallé tu atesorado secreto:

la pura y destilada esencia de tu inmensa melancolía.

La sentí tan desamparada, tan sola, tan olvidada

que con esmerado cuidado y la más dulce empatía

dejé guardada a su lado

mi añoranza de ti.

Agosto 31, 2008